HISTORIA 07: APARECEN LOS ANIMALES


POR pocas horas, las aves tuvieron el todo mundo para ellas. Volaban alegremente por el aire, se posaban en las ramas de los árboles, caminaban o se contoneaban por los prados llenos de flores. Si las aves pensaran, sin duda hubiesen opinado que el lugar que les había hecho Dios era encantador.

Pero Dios no había hecho este maravilloso paraíso solo para ellos. Temprano en la mañana del sexto día, un fuerte rugido salió de algún claro del bosque. Los pájaros de los árboles cercanos remontaron vuelo por el aire, piando y gorjeando. Entonces curiosos por ver de qué se trataba, volvieron volando y se llevaron una sorpresa al ver que había una extraordinaria criatura color amarillo oro de apariencia magnífica, con una melena larga y peluda, y porte regio. Era el primer león que deambulaba sobre la tierra.

¡Pero mira allá! ¿Qué podrá ser eso? ¡Qué animal extraño, con cuatro patas largas, un cuello grande y largo y una cara muy graciosa! Una jirafa, ¡por supuesto! Al andar tranquilamente, con su cabeza en alto por el aire, casi se choca a los pajaritos de los árboles.

¿Y qué es esto? Una enorme criatura con patas como troncos de árbol, orejas grandes como aletas, ojitos pequeños y, en el extremo de su nariz, una especie de tubo largo que ondea de un lado al otro, y a veces hasta se lo pone en su curiosa boquita. ¡Qué alegría debe haber sentido Dios al crear el elefante!

Aquí viene una pareja de caballos, quizá sean negros o marrones. Contemplemos a estas elegantes criaturas mientras cabalgan sacudiendo la cabeza y galopan al ritmo de su tacatán, tacatán.

Ahora, una pareja de zebras, con extrañas manchas en el pelaje, dos leopardos cubiertos de m anchas, un cocodrilo que se contonea sobre sus patitas cortas, un hipopótamo que avanza pesadamente con su enorme boca abierta, un camello con sus gibas, un ciervo con su cornamenta, un oso con su largo pelaje lanudo.

¡Qué procesión! Y pensar que Dios los diseñó y los hizo a todos en solo un momento. Sin embargo, no es ni la mitad de la historia. No solo hizo todos los grandes animales; también hizo a los pequeños.

¡Mira allí ahora! Un perrito que ladra y corre dando saltitos, como han hecho todos los perros desde aquel día hasta hoy; un gato que pasa caminando con pasos majestuosos; un mono que se hamaca de rama en rama; una ardillita listada que pone caras divertidas; un topo que escarva rápidamente para esconderse en la tierra; un camaleón que cambia de color cada pocos segundos; una ardilla de cola grande y espesa que corretea de aquí para allá buscando algo para enterrar. ¡Y todos ellos fueron creados en un solo día! Es demasiado asombroso para que podamos comprenderlo. ¡Piensa simplemente! Cada una de estas criaturas maravillosas no solo recibió la vida, sino también el sentido de la vista, el oído, el olfato y el gusto por el comer, al igual que tú y yo. Es más, a cada uno se le dio la capacidad de reproducirse, de crear animales bebés similares a sí mismos.

Tú puedes dibujar animales en papel, puedes hacer animales de arcilla o plastilina, pero no puedes hacer que uno de esos animales viva. No puedes hacer que caminen, corran o coman, ¿verdad? No, por supuesto. Y mejor así, porque si pudieras, ¿qué haría mamá con ellos por toda la casa? Y ¿cómo les daría de comer a tantos?.

No, nosotros no podemos hacer animales que vivan. Ni siquiera podemos hacer un sapo o un mosquito. Pero Dios sí. Y lo hizo. En su mente creadora, cada animal, cada insecto, tuvo su comienzo, y al sonido de su voz surgieron de la tierra para llevar a cabo sus órdenes.

"Y dijo Dios: '¡Que produzca la tierra seres vivientes: animales domésticos, animales salvajes, y reptiles, según su especie! Y sucedió así. Dios hizo los animales domésticos, los animales salvajes, y todos los reptiles, según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno".

Dios estaba satisfecho con su obra. "Era bueno", y él estaba contento. Sus criaturas también estaban contentas y eran pacíficas. Pero la creación no estaba concluida. Faltaba algo. Faltaba hacer lo más importante de todo. Y Dios lo había dejado para el final.

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