HISTORIA 04: EL NACIMIENTO DE UN MUNDO


TODAVÍA es temprano el tercer día de la semana de la creación. Ha habido un gran terremoto. La tierra se ha levantado misteriosamente del océano. Han aparecido islas de todas formas y tamaños. Se ven montañas majestuosas, colinas onduladas y preciosas playas donde antes solo había mar.

No obstante, hay un detalle. La tierra se ve oscura y árida, salvo por los parches brillantes y centelleantes, por aquí y por allá, donde se encuentran metales preciosos sobre la superficie.

No hay ni un árbol, arbusto ni brizna de hierba. Sin duda, Dios se propone hacer que alguien viva en un lugar como este, ¿verdad?

Espera un minuto. Es demasiado pronto para juzgar.

¡Escucha! Dios está hablando una vez más. La misma voz maravillosa que dijo: "¡Que exista la luz!", ahora ordena: "¡Que haya vegetación sobre la tierra; que ésta produzca hierbas que den semilla, y árboles que den su fruto con semilla, todos según su especie!"

Mira ahora. ¡Qué transformación! ¡Observa esas colinas! Ya dejaron de ser áridas. Se han vuelto de color verde intenso. De un lado al otro están cubiertas de hierba, arbustos y árboles. ¡Mira esas montañas! Fíjate en esos espléndidos pinos, cedros y secoyas que se elevan majestuosamente hasta la cima de los picos más altos.

Y los campos. ¡Qué belleza! ¡Contempla todas las flores! Cantidades de ellas, de todo tipo y color. Parecen una alfombra viviente desplegada sobre todo el paisaje. Botones de oro y margaritas, amapolas y caléndulas, campanillas y narcisos, malvones y boca de dragón, geranios y espuelas de caballero, orquídeas y begonias, rosas y lilas. ¿Cómo pudo pensar Dios en tanta diversidad de flores? ¡Y cuán maravillosamente las hizo a todas, cada una con su diseño propio y delicado, con su color y su fragancia singulares!

"Comenzó a brotar la vegetación: hierbas que dan semilla, y árboles que dan su fruto con semilla, todos según su especie. Y Dios consideró que esto era bueno"

Debe haber sido muy, pero muy bueno, ya que Dios fue el diseñador y creador de todo, y él también quedó complacido con esto. La Biblia dice que todas las cosas fueron creadas por su "voluntad", y me gusta pensar que él disfrutó al hacer todas esas plantas, flores y árboles, cada uno diferente del resto, con capacidad de reproducirse luego, cada uno "según su especie", a través de todas las edades venideras.

Dios parece haber estado especialmente interesado en los árboles "que dan su fruto" o, como diríamos nosotros, los árboles frutales. ¡Con cuánto cuidado hizo los manzanos, los ciruelos, los perales, los naranjos, los limoneros, los paltos, los aguacates y todo el resto, cada uno con sus propias frutas selectas! Y hasta me parece verlo yendo de un hermoso árbol a otro, quizá hasta probando la fruta, y diciéndose: "Le va a gustar esta. Estoy seguro que sí. Y esta, y esta".

Porque Dios no estaba pensando en sí mismo, sino en alguien más. Alguien que, hasta el momento, existía solo en su mente, pero que pronto sería un ser viviente real. Alguien a quien pensaba darle toda esta belleza y encanto, toda esta riqueza de tesoros y delicias. Todo el oro, la plata y las piedras preciosas que brillaban en medio de la hierba y las flores; toda la abundante provisión de nueces, castañas, almendras, avellanas, cacahuates, pistachos, frutas y granos; toda la gloria de este maravilloso mundo nuevo: todo era para él, para hacerlo feliz y para inspirar en él am ante adoración y agradecimiento a su Creador.

El mundo estaba casi listo para él. Casi, pero no totalmente. Había algunas cosas más por hacer.

"Y vino la noche, y llegó la mañana: ése fue el tercer día".

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