HISTORIA 01: DÍAS TRISTES Y MALOS


MIENTRAS que Enoc caminó con Dios, la mayoría de los hijos y los nietos de Adán, no. Anduvieron por sus propios caminos y se olvidaron completamente de Dios. Se volvieron egoístas y codiciosos, pendencieros y crueles. Comenzaron a pelear entre ellos y a matarse unos a otros, así como Caín había matado a Abel. 

Es difícil comprender cómo pudieron haber ocurrido esas cosas tan cerca en el tiempo después de la creación y de la paz y la armonía del Edén. No obstante, incluso hoy no es raro que los niños y las niñas estén enojados y sean rebeldes ni bien salen de la iglesia. Algunos se ponen verdaderamente molestos ni bien termina un lindo picnic. No pasa mucho tiempo hasta que alguien se olvida de la bondad y el amor que debieran tener siempre presente. 

Así era en los comienzos del mundo. A medida que la gente se fue alejando cada vez más de Dios, se fue internando cada vez más en el pecado. 

Satanás, que en la forma de una serpiente había engañado a Adán y Eva en el jardín, se alegró mucho con el dramático giro de los acontecimientos. Había tramado arruinar los planes de Dios para un mundo feliz y hermoso, y ahora estaba teniendo más éxito de lo esperado. Al oír la promesa de Dios de que la Simiente de la mujer le aplastaría la cabeza, se propuso que no ocurriera absolutamente nada que tuviese que ver con eso. 

La mejor forma de hacerlo, pensó, sería llevar a la mayor cantidad posible de los hijos de Adán a desobedecer a Dios, y a hacer toda clase de cosas que le desagraden. Así que comenzó a tentarlos de muchas maneras, y los que no estaban viviendo cerca de Dios, cayeron en sus engaños. 

Por experiencia propia, Adán y Eva, tristemente, conocían el alto precio del pecado e hicieron todo lo posible para advertirles del peligro a sus hijas y sus hijos caprichosos, y persuadirlos a seguir el buen camino "que conduce a la vicia"

Año tras año y siglo tras siglo, se opusieron a la creciente marea de maldad. Pero era una lucha pedida. Los malvados se envalentonaron en su perversidad y se burlaban cada vez más abiertamente de los consejos de Adán, diciendo con desdén que estaba demasiado anticuado para entender a los jóvenes, y rezongaban cada vez que él trataba de hacerles cumplir los buenos preceptos. 

Adán llegó a ver que este mundo, una vez hermoso y pacífico, estaba habitado por una gran cantidad de gente muy pecadora. Justo antes de morir, escuchó a Enoc, el hombre que caminó con Dios, reprender las "malas obras" de los "refunfuñadores" y "criticones" que "se dejan llevar por sus propias pasiones.

Eso ocurría unos 900 años después de la creación. Quinientos años después, las cosas empeoraron aún más. Pera entonces, había peleas y pleitos por todas partes. Nadie tenía la vida asegurada. La Biblia dice: "La tierra estaba corrompida y llena de violencia". 

¡Qué triste que haya sido así! Dios se había esforzado mucho para que este mundo fuese un lugar de encanto, paz y gozo. Ahora, Satanás casi había arruinado todo. 

¡Cuánto pesar debe haber sentido Dios! La Biblia dice: "Al ver el Señor que la maldad del ser humano en la tierra era muy grande, y que todos sus pensamientos tendían siempre hacia el mal, se arrepintió de haber hecho al ser humano en la tierra, y le dolió en el corazón". 

En esas últimas palabras alcanzamos a ver la profundidad de su pesar. ¡Pensaba en lo que podría haber sido si tan solo Adán y Eva no hubiesen escuchado a la serpiente y si todos sus hijos lo hubiesen amado y hubiesen caminado con él como lo hizo Enoc! 

Con profunda tristeza, Dios se dijo: "Voy a borrar de la tierra al ser humano que he creado. Y haré lo mismo con los animales, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos creado!" 

Las condiciones deben haber llegado a ser muy terribles, realmente, para que Dios diga eso. ¡Cómo debe haberle dolido tener que pensar en destruir a todas las criaturas y todas las cosas hermosas que había hecho tan poco tiempo antes! 

No obstante, aún ahora su corazón amor infinito se contuvo de llevar a cabo un juicio tan espantoso, por más que fuese necesario. Quizá todavía había algunos que se volverían a él, si se les dada una oportunidad más. Si hubiese solo un puñado, incluso dos o tres, estaba dispuesto a esperar. 

—"Mi espíritu no permanecerá en el ser humano para siempre —dijo—, por eso vivirá solamente ciento veinte años". 

En otras palabras, él esperaría ese tiempo, ciento veinte años, para ver si alguno le haría caso a su llamado de arrepentimiento. 

Pero ahora, si habría de hacerse un llamado, debía encontrar a alguien para darlo. Pero ¿quién? Si la mayoría de los hijos de Adán seguían los caminos de Satanás, ¿a quién se le podría confiar una tarea tan importante? ¿Todavía quedaría alguien que pudiera dar el último mensaje de misericordia de Dios a un mundo condenado?

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