EMPEZABA a oscurecer. Una brisa fresca ya hacía susurrar las hojas de los árboles. Pronto anochecería y las estrellas volverían a aparecer.
Pero no había felicidad en el Edén en esta preciosa noche. Cabizbajos y con gran dolor en el corazón, Adán y Eva caminaban sin rumbo por el bosque, donde hasta hacía un rato habían disfrutado de un gozo perfecto.
De repente, oyeron un sonido conocido. Era la voz de Dios que "andaba recorriendo el jardín", "cuando el día comenzó a refrescar".
Hasta ahora, se habían alegrado de oír esta voz maravillosa y corrían a su encuentro como un queridísimo amigo. Ahora, huían de él. "Entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera".
Era una tontería hacer eso. No podían esconderse de Dios, así como nosotros tampoco podemos escondernos de él hoy.
"Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo:
—"Dónde estás?"
Dios no tenía necesidad de preguntar. Sabia dónde se encontraban. Pero quería que ellos supiesen que él los estaba buscando, que él todavía se preocupaba por ellos y que los amaba.
¡Qué ternura habla en su vea en ese momento! Parecía estar diciendo: '"¿Por qué se esconden del que los ama tanto? por qué no vienen a mi encuentro como solían hacerlo?
Incapaz de guardar silencio por más tiempo, Adán salió lentamente de su escondite y dijo:
'Escuché que andabas por el jardín, y tuve miedo".
¡Miedo! ¡Qué extraño que dijera eso! Nunca antes había sentido miedo. Jamás supo hasta ese entonces lo que eta el temor. Ahora, este ser magnifico y noble, la obra maestra de la creación de Dios, sentía miedo. Y, !ay, lo más triste es que tenía miedo de su Hacedor!
Pero esto. lo que hace el pecado. Hace que una persona sienta temor aun de sus mejores amigos. Convierte en cobarde al hombre más valiente y doblega de vergüenza la cabeza mis noble.
Dios sabía lo que había ocurrido, por supuesto, porque para él no hay nada oculto. Pero le preguntó a Adán:
—"Acaso has comido del fruto del árbol que yo te prohibí comer?»
Sí, Adán había comido del árbol. Así también Eva. Ambos eran culpables de una desobediencia trascendental. Lamentablemente, estaban ante la presencia de Dios, preguntándose qué les diría ahora, cuál sería su castigo.
Dios les había advertido:
—"El día que de él comas, ciertamente morirás"..
Ya menudo ellos se preguntaban qué había querido decir con esas extrañas palabras. Como nunca habían visto la muerte, no podían percibir cómo era. ¿Ahora iban a morir? ¿Sería ese su último día sobre la tierra? ¡Qué tristeza! Habían estado aquí muy poco tiempo.
Fue entonces. que Dios les dijo lo que iba a ocurrirles por causa de su pecado. Les explicó que, desde el mismo momento de su desobediencia, habían comenzado a morir. Y en su corazón ellos sabían que era verdad.
No podrían vivir para siempre como él había planeado. La vida eterna no era para ellos. Por lo menos, no ahora. Lentamente, irían muriendo y, finalmente, regresarían al polvo del que fueron creados. Llevaría mucho tiempo, muchos cientos de años por cierto, pero finalmente ese sería su destino.
Mientras tanto, tendrían que dejar su hermoso hogar. En vez de una vida placentera y fácil como la que habían llevado, tendrían que trabajar mucho durante largas horas para ganarse la vida. Conocerían el dolor y la tristeza. Percibirían la atrocidad del pecado al ver sufrir a toda la naturaleza con ellos, debido a lo que habían hecho.
- Mirando a Adán con la más profunda compasión, Dios dijo:
—"Por cuanto le hiciste caso a tu mujer, y comiste del árbol del que te prohibí comer, ¡maldita será la tierra por tu culpa! Con penosos trabajos comerás de ella todos los días de tu vida. La tierra te producirá cardos y espinas, y comerás hierbas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres, y al polvo volverás".
Dios ¿fue demasiado duro con ellos? No. Él conocía la naturaleza funesta del pecado, sabía cómo destroza y arruina todo que toca. Había visto cómo destruyó la dulce armonía celestial. Ahora, estaba comenzando de nuevo en la tierra, amenazando con arruinar este Paraíso glorioso que acababa de crear. Algo debía hacerse. Adán y Eva tenían que darse cuenta de lo que significa el pecado, lo que hace y cuánto cuesta.
Todo fue muy triste, y no sé quién se sentía peor cuando los dos se separaron de Dios y comenzaron a marcharse de su hermoso hogar edénico.
La oscuridad se cernía y, desde fuera del bosque, muchos animales amistosos miraban con ojos escrutadores que parecían preguntar: ¿Qué pasa? ¿A dónde se están yendo? Hasta los pájaros acallaron sus cantos al escuchar pasmados el tremendo llanto desgarrador de su señor y dueño, mientras él y su amada esposa se alejaban en medio de la noche.
Para Adán y Eva, lo más difícil de soportar era el pensamiento de que no podrían regresar. Por la mañana, el Edén seria solo un recuerdo. Nunca volverían a entrar.
Al darse vuelta para mirar por última vez todo lo que habían amado y perdido, vieron una luz entraña que fulguraba en la oscuridad a lo lago del camino que acababan de recorrer. Parecía un arma ardiente en la mano de un ángel. Y la espada ardiente "se movía por todos lados, para custodiar el camino que lleva al árbol de la vida".
El camino estaba cerrado; la entrada estaba bloqueada. Tan tremendo es el costo de un solo pecado!.
